LOS MACHARRANES RUIDOSOS

By Silverio Perez

LOS MACHARRANES RUIDOSOS

LOS MACHARRANES RUIDOSOS

Estas imágenes de un tiroteo al aire libre, con armas de alto calibre, a la vista de todos, sé que ha perturbado a muchos, bueno, a los que aún tienen la capacidad de perturbarse. La Policía nos calma diciendo que eso fue hace dos años. Ajá. ¿Y eso implica qué? ¿Qué ya no ocurre? ¿Qué los que lo hicieron pagaron por los delitos de perturbar la paz y el uso de armas ilegales? Nada de eso. La Policía, con el “eso fue hace dos años” simplemente trata de salir del paso sin enfrentar la realidad del narco estado en el que vivimos, donde no importa que las autoridades hayan cancelado una actividad, como ocurrió en otro residencial, si los del Punto de Drogas dicen que va, va.

Pero hoy me interesa ir un poco más allá de estos hechos, de por sí dramáticos y perturbadores, para dialogar sobre la vinculación de la mentalidad machista a la necesidad de hacer ruidos para demostrar superioridad, como el rugido intimidante de un león en la selva.

Todo surge de nuestro cerebro reptil. Nuestro cerebro se compone de tres partes:

El cerebro reptil o primitivo, responsable de nuestros impulsos de sobreviviencia y territorialidad; el límbico, de donde nacen nuestras emociones; y la neocorteza, donde  radica nuestra capacidad de pensar, analizar, reflexionar, decidir inteligentemente. Este análisis fue lo que me llevó a escribir el libro Domesticando Tu Dinosaurio: cómo vencer la irracionalidad que surge de nuestro cerebro reptil.

¿Cómo se explica, si no es desde la irracionalidad, que casi a la medianoche una persona en un barrio, residencial, barriada o urbanización, decida explotar varios cuartos de dinamita, o fuegos artificiales prohibidos por su peligrosidad, por el simple placer de rugir, de hacer ruido, de decir “aquí estoy yo, un macho alfa, cójanme miedo”? En ese impulso este macharrán no es capaz de reflexionar, de utilizar su neocorteza, para tomar en consideración a los ancianos que están en sus lechos de enfermos, a los niños que están durmiendo, a las mascotas que corren despavoridas y a los que simplemente estamos leyendo un libro, conversando con nuestra pareja o viendo un programa de televisión y tenemos derecho a hacerlo en paz, sin brincar del asiento ante el estallido.

Sumémosle a esto, el ronroneo estruendoso de los autos preparados para hacer ruido o el voceteo inmisericorde que a las 2:00 de la madrugada inunda el barrio con la canción urbana de su preferencia.

Obviamente todo esto tiene unos contextos socioeconómicos y políticos que no podemos soslayar pero la realidad es que mi derecho a vivir en paz es violentado sin ninguna consideración por estos macharranes a los que nunca les enseñaron, ni en sus casas, ni en la escuela, que la masculinidad no necesita manifestarse de esa forma. Que, todo lo contrario, esos ruidos implican miedo, un reconocimiento implícito de que ni no tengo un arma en la mano, o no exploto el cuarto de dinamita a las 12:00 en la despedida de año, o no me paseo por el barrio con mi carro preparado o voceteando, no soy nadie. Los macharranes en otros niveles socioeconómicos el dinero les permite ronronear con yates, rolexs, y bravuconerías por el poder que ostentan.

 

Una educación con perspectiva de género, que le enseñe a los niños a expresar su masculinidad con sensibilidad, en las artes, en los deportes, en la sana convivencia social, nos va a evitar estas macharranerías que nos agreden. 



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